Sociedad conectada. ¡Qué bien suena y cuánto tenemos por cuestionarnos!

Avanzamos. Venimos de explorar y hacernos preguntas, muchas preguntas ¿Demasiadas? Pues toca seguir cuestionándonos. Surgen dudas sobre nuevos conceptos, nuevas potencialidades para desarrollar instituciones que estén cerca de las necesidades y expectativas de las personas. Hemos trabajado desde la convicción de que estamos en una transición, dejando unas formas de hacer e inventándonos otras formas, sin perder la perspectiva de lo que funciona, pero con la intuición (¿o certeza?) de que hay cosas que ya no valen.

En esa transición (hipótesis) ha jugado un papel fundamental el cambio cultural derivado de vivir en una sociedad conectada. Sociedad conectada como término simplista con el que representar todos los cambios derivados de la presencia de Internet en casi cualquier ámbito de la vida. Lo vemos, lo sentimos, lo experimentamos cada día. Dicen que ha sido una revolución, pero, en realidad, hemos adoptado tantas y tantas prácticas conectadas de manera progresiva y sin grandes aspavientos. Organizar nuestras vacaciones, acceder a información, trabajar documentos en la distancia, buscar una plaza en una calle que no conocemos, escuchar música, leer libros… Todo ello lo hacemos de manera inmediata, personalizada, autónoma. Cambian las prácticas más cotidianas porque, tal vez, está cambiando nuestra forma de ser y estar en la vida.

La tecnología digital está presente en todo ello, es el mediador que nos facilita las cosas y nos ofrece conveniencia. Ha sido fácil el intercambio: Google (y todos los demás) te lo da gratis y tú le das tus datos. Parece un intercambio ganador, al fin y al cabo, ¿qué más me dan mis datos si no soy nadie y no soy peligroso? No es tan fácil ni tan inocuo. ¿Somos dueños de nuestros datos? Ni inmigrantes ni nativos digitales, tal vez solo somos esclavos digitales. Primer cuestionamiento de este módulo.

La tecnología, en realidad, es lo de menos. Sí, es espectacular, los periódicos nos inundan cada vez que Apple presenta sus nuevos productos. Son los nuevos chamanes que ponen en nuestras manos los artilugios de esa conveniencia. Esos smartphones acabarán en nuestros bolsillos, en nuestras mesillas de noche y serán lo primero que miremos al despertarnos y lo último que miremos al acostarnos. Vivimos en la fascinación por los cacharros y lo queremos todo conectado. Cunas conectadas, chupetes conectados, biberones conectados. Y más allá del espectáculo está lo que no vemos: los datos que generamos y que se almacenan en algún inmenso centro de datos en la Costa Este de Estados Unidos, los datos que circulan a velocidades imposibles por cables submarinos privados, los datos que gestionan empresas a las que les damos acceso al mentir cuando decimos a una nueva aplicación que hemos leído los términos y condiciones. ¿Sabemos lo que tenemos entre manos? Segundo cuestionamiento de este módulo.

Tecnologías que se presentan para hacer realidad ciudades inteligentes. Las smart cities son la nueva aspiración de presentarnos un mundo eficiente, sostenible, participativo…, o eso nos dicen a veces. Servicios públicos interconectados, administración electrónica, sistemas predictivos de gestión de infraestructuras, gestión en tiempo real de la información de la ciudad, personalización de servicios públicos, etcétera, gracias a sensores, datos masivos (big data), cámaras de seguridad, centros integrados de control… Ciudades presentadas como lugares sin conflicto, donde la ciudadanía se convierte en usuaria y las instituciones públicas se convierten en garantes de eficiencia. ¿Dónde queda el potencial distribuido y auto-organizativo de las tecnologías digitales? Tercer cuestionamiento del módulo.

Puede (volvemos a la hipótesis inicial) que la tecnología, con su fascinante mundo de pantallas, nos esté distrayendo. No es un cambio de cacharros, es un cambio de cultura sobre lo que se puede y no se puede hacer. ¿De dónde surgen los conflictos sociales y las demandas de los últimos tiempos? Quizá sólo pedimos/demandamos lo de siempre: transparencia, participación, autonomía de organización colectiva, justicia o derechos, pero lo hacemos porque las cosas han cambiado. Si vivimos en un mundo de acceso inmediato a información, ¿cómo me vas a decir que no tengo acceso a una determinada información pública? Si vivimos en un mundo que nos permite trabajar a distancia y decidir de manera compartida sobre cuestiones de nuestra vida privada, ¿cómo me vas a decir que no puedo participar en las decisiones de lo público? La ciudad inteligente tendrá que hablarnos de más capacidades para la ciudadanía y de nuevas formas de activismo, de participación en la vida pública de organización colectiva, pero no está muy claro si esto es sólo un diálogo de sordos. Cuarto cuestionamiento del módulo.

La Red como ágora, como espacio de discusión abierta, pública e inmediata. Esa es la idealizada imagen de una Internet aséptica. La democracia digital prometía tantas cosas… y la tecno-política nos explica que las cosas no son tan fáciles. La tecnología tiene ideología y se inserta en la sociedad condicionando lo que se puede y no se puede hacer. La tecnología nos la presentan como algo dado y con manuales de uso y especificaciones técnicas. ¿No estábamos en el mundo de lo abierto? La tecnología será abierta, pero este maldito iphone no lo puedo abrir y este maldito software no me sirve para lo que yo quiero. Está el mundo de las tecnologías cívicas, que nos invita a producir dispositivos en abierto y en comunidad, pero sigue siendo tan fácil el activismo de click. ¿Cómo hacer de la tecnología una herramienta al servicio de personas y comunidades? ¿Cuánta tecnología es suficiente? ¿No es la tecnología una excusa para encontrarnos en los mismos problemas sociales de siempre? Quinto cuestionamiento del módulo.

Estas son sólo algunas de las claves que queremos trabajar en este módulo orientado a explorar la ciudadanía digital. De alguna forma, será el aterrizaje de las contradicciones que vivimos en esta transición en ámbitos más concretos: los nuevos roles de las instituciones públicas, las nuevas formas de hacer que la ciudadanía individual y organizada ya ha asumido, las nuevas expectativas de una sociedad conectada. En el camino de estas dos próximas semanas nos haremos estas preguntas, exploraremos proyectos que nos avanzan un nuevo horizonte de proyectos y formas de actuación, analizaremos las posibilidades de la cultura digital y esa será la puerta para entender la comunicación digital como un nuevo lenguaje con el que intentar acercar expectativas, prácticas y culturas emergentes.

Temas para ir entrando en canción con el Ágora:

Great leap forward (Billy Bragg)

Paranoid android (Radiohead)

The Mercy Seat (Nick Cave & The Bad Seeds)

Space Oddity (David Bowie, Chris Hadfield desde la ISS)

Manu Fernández. Doctor por la UPV/EHU (2015) con la tesis “La smart city como imaginario socio-tecnológico”. Autor del libro “Descifrar las smart cities. ¿Qué queremos decir cuando hablamos de smart cities?” (2016). Investigador y consultor de políticas urbanas. Actualmente, trabaja como profesional independiente desde su agencia Human Scale City. Autor del blog Ciudades a Escala Humana. Licenciado en Derecho Económico y Master en Gestión Medioambiental.

 

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