Esta práctica belga obliga a incluir a las y los usuarios finales y familias en el desarrollo, evaluación y ajuste co-creativo de los proyectos de vivienda y cuidados. Al recoger información directamente de los futuros habitantes, la administración garantiza que el diseño arquitectónico y social se adapte a sus deseos y preferencias reales, construyendo confianza desde la escucha activa y la toma de decisiones compartida.
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