Estos edificios funcionan como centros de vida abiertos al barrio integrando restaurantes, bibliotecas y servicios abiertos al público que ayudan a costear los gastos comunes. Su lógica inspiradora combate el estigma de la vejez al atraer a personas de todas las edades al edificio, fomentando la convivencia intergeneracional real a través del intercambio de servicios y el uso compartido de espacios centrales llenos de vida.