La lógica de este proyecto rompe con la visión de la “vivienda como ladrillo” para entenderla como un dispositivo de respuesta a problemas sociales cruzados. En lugar de ser un diseño urbanístico aislado, implicó desde su fase embrionaria a las áreas de Juventud y Servicios Sociales permitiendo que el edificio respondiera a una hipótesis social construida en el tiempo: abordar simultáneamente la emancipación juvenil y la soledad no deseada de las personas mayores a través de un modelo intergeneracional que fomenta la
interdependencia cotidiana.