“Chega de saudade”, por Alberto Ortiz de Zárate

Alberto Ortiz de Zárate, especialista en el CAMBIO, con mayúsculas, participará como ponente en la próxima sesión de Bherria Prestakuntza prevista para el 11 de noviembre. Durante hora y media, entre las 09:30 y las 11:00 horas, abordaremos los inconvenientes con los que se encuentran las personas inquietas que apuestan por innovar dentro de las instituciones públicas.
Alberto sabe mucho de este tema porque ha trabajado en el sector público durante años; ha sido responsable de servicios ciudadanos, jefe de proyectos de innovación o director de atención ciudadana. Es pionero en la apertura de datos públicos y en las políticas de Gobierno abierto.

¿QUIERES APUNTARTE?

Si eres una persona que promueve el cambio en la Administración Pública, si te expones a procesos de colaboración ciudadana para promover la corresponsabilidad en la gestión de lo común, si además compartes aprendizajes sobre todo esto, enhorabuena, tienes un problema.

Sí, enhorabuena y, sobre todo, enhorabuena. Ahora bien, tienes un problema, que paso a exponer.

Las personas que estáis trabajando activa e ilusionadamente por cambiar el estado actual de las cosas sois –somos–, necesariamente, una minoría. Sin embargo, somos una minoría bastante relacionada. Gracias a procesos como Bherria, a la asistencia a congresos y otros eventos, a la pertenencia a determinadas asociaciones o grupos de opinión, a la frecuentación de determinados barrios de Internet, o a la mera conversación con personas que tienen las mismas inquietudes, vamos construyendo una red de apoyo donde nos sentimos estimulados y protegidos. Una red donde mola ser persona innovadora y comprometida.

Ahora bien, ¿qué sucede cuando volvemos a nuestro lugar de trabajo? ¿Encontramos complicidad e impulso por parte de compañeras y compañeros? ¿Nuestras jefas y jefes están impacientes por llevar a cabo las ideas que hemos traído? Bueno, ojalá alguien responda que sí, pero más bien suele ser no.

La distancia entre nuestro entusiasmo y el general escepticismo se mide en unidades de melancolía. Y de nada vale suspirar mientras apoyamos la cabeza en la mano. Como dice la primera y mejor bossa nova de la historia, “chega de saudade”; o sea, “no más melancolía”.

Para romper el ciclo de ilusión y decepción, propongo que hablemos de cómo pasar de una lógica de emprendimiento individual a otra que se proyecta en el equipo, que se acomoda al ritmo del colectivo, que alinea metas y toma en cuenta a cada persona, sin prejuzgar su posición. En definitiva, este no puede ser un juego de héroes y heroínas, sino de tribus y sociedades.

Como parte de esta reflexión, propongo que examinemos algunas patologías típicas del trabajo en la Administración y nos carguemos de razones para aumentar las posibilidades de influir y convencer. Una de ellas tiene que ver con convertir en gestorías las funciones de control. Otra, con normalizar redes de conocimiento no jerárquicas para crecer de la mano de quien quiera crecer.

Y hablaremos de cómo las utopías nacen para ser traicionadas, pero dejan un poso al que llamamos “progreso”.

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