Reconocer públicamente las aportaciones que parten de la ciudadanía hace que esta se vea concernida en los resultados de los procesos, que los sienta como propios y que, en consecuencia, actúe de forma corresponsable. La siguiente anécdota es real y muy ilustrativa. En un banco de una plaza de juegos acuáticos recién urbanizada, diseñada a partir de un proceso participativo, coinciden una vecina y una técnica municipal. La vecina conversa con la técnica y comparte con ella la sensación de orgullo y bienestar al reconocer en esta nueva plaza algunas de las aportaciones que surgieron en el equipo de trabajo donde participó.