En la próxima sesión de Bherria Prestakuntza, prevista para el próximo 15 de octubre, de 9:30 a 11:00, abordaremos los retos actuales en torno a la organización social de los cuidados y exploraremos qué respuestas pueden construirse desde la colaboración público-comunitaria con la participación de Erkuden Aldaz.

Erkuden Aldaz
Trabajadora social y psicóloga de formación, su actividad laboral se ha centrado en el ámbito de los cuidados, tanto desde la intervención como desde la investigación. En la actualidad está inmersa en proyectos dirigidos a la transformación del actual modelo de cuidados hacia enfoques comunitarios y centrados en las personas, con especial atención a la construcción de municipios cuidadores.
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Ese punto de partida sitúa en el centro a las personas que reciben los cuidados y reconocerlas como ciudadanas de pleno derecho, con capacidad para decidir sobre su propia vida y participar en el diseño de los apoyos que necesitan. Cuidar no consiste únicamente en responder a situaciones de dependencia o vulnerabilidad, sino también en generar condiciones para la autonomía, la participación y la pertenencia. Supone reconocer a las personas no solo desde sus necesidades, sino también desde sus capacidades, vínculos y aportaciones, y garantizar su derecho a formar parte de la comunidad.
Desde esta perspectiva, pensar cómo organizamos socialmente los cuidados implica preguntarnos también qué papel juegan las familias, las profesionales, los servicios públicos, el mercado y las redes comunitarias, y cómo distribuimos entre todos estos agentes responsabilidades, decisiones y capacidades para sostener la vida.
Afrontar este desafío exige reconocer que ninguna administración, servicio profesional, familia o comunidad dispone por sí sola de todas las capacidades necesarias. Por eso, el reto no consiste únicamente en ampliar servicios o responder mejor a una demanda creciente. También implica revisar la arquitectura que sostiene los cuidados: quién asume las responsabilidades, cómo se distribuyen los tiempos y los recursos, qué garantiza lo público, qué papel ocupa el mercado y qué capacidad tienen las personas y las comunidades para intervenir en las decisiones que afectan a su vida cotidiana.
En esa búsqueda de una organización más corresponsable —entre hombres y mujeres, y entre administración, familia y comunidad—, la dimensión comunitaria adquiere una especial relevancia. Sin embargo, hablar de comunidad en el ámbito de los cuidados no significa pensar en una red informal destinada a cubrir aquello a lo que los servicios públicos no llegan. Tampoco supone apelar a la buena voluntad del vecindario o al voluntariado frente a la falta de recursos. La comunidad es una trama plural formada por servicios públicos, organizaciones sociales, profesionales, asociaciones, equipamientos, redes vecinales, grupos informales, comercios, familias y ciudadanía que comparten un territorio.
Fortalecer esa trama no significa trasladarle responsabilidades que corresponden a lo público. La colaboración público-comunitaria puede entenderse, más bien, como una forma de ampliar nuestra capacidad colectiva para cuidar en la que lo público, al tiempo que mantiene su papel como garante de derechos y equidad, abre espacios para reconocer otros conocimientos, conectar agentes, compartir diagnósticos y construir respuestas junto a las personas implicadas. Las familias acumulan conocimiento cotidiano; las y los profesionales conocen las posibilidades y los límites de los servicios; y las organizaciones y redes comunitarias pueden detectar situaciones que, a menudo, permanecen fuera del radar institucional.
En este nuevo ciclo de Bherria queremos acercarnos precisamente a esas preguntas: ¿cómo construimos una organización de los cuidados que no descanse sobre la disponibilidad de las familias y, especialmente, de las mujeres? ¿Cómo fortalecemos las comunidades sin convertirlas en sustitutas de los servicios públicos? ¿Qué mecanismos estamos activando para que las personas cuidadas, las familias y las profesionales participen en el diseño, seguimiento y evaluación de los servicios? ¿Qué decisiones estamos realmente dispuestas a compartir con la ciudadanía, y qué condiciones necesitamos para que esa participación tenga incidencia real? ¿Cómo podemos apoyar las iniciativas comunitarias sin absorberlas, instrumentalizarlas o reducir su autonomía? ¿Y cómo trasladamos los aprendizajes de las pequeñas experiencias colaborativas a las políticas y servicios ordinarios, incorporando también impactos como la confianza, los vínculos, la autonomía o el sentimiento de pertenencia?
Porque si hablar de cuidados es hablar de cómo organizamos la vida en común, transformar los cuidados implica también transformar la forma en que instituciones, profesionales, familias y comunidades compartimos responsabilidades, decisiones y capacidades para sostenerla.
Recuerda que las sesiones de Prestakuntza son abiertas, gratuitas y en horario de 09:30 a 11:00. En cada convocatoria proporcionamos el enlace para la inscripción.