
Esta buena práctica propone la creación de instituciones intermedias que actúen como interfaz entre la burocracia, la comunidad y el mercado. Al ser una fundación impulsada por el tercer sector, amalgama prestaciones inmobiliarias, sociales y laborales que la administración suele tener separadas, gestionando itinerarios vitales completos y eliminando los “cuellos de botella” administrativos mediante un compromiso de lucro limitado.