2. Ensamblar capacidades entre administración y ciudadanía organizada
La colaboración público-comunitaria no consiste solo en consultar, subvencionar o delegar. Exige ensamblar capacidades. Esto implica poner en relación recursos públicos, conocimiento técnico, energía social, garantías jurídicas, financiación, suelo, confianza y compromiso comunitario para construir una respuesta compartida a la necesidad de disponer de un lugar digno donde vivir y desarrollar un proyecto de vida, con un coste ajustado a los ingresos.
Uno de los retos más importantes en esta colaboración consiste en revisar el papel de la Administración Pública. Sus funciones de regulación, garantía de derechos, protección de los bienes públicos, legalidad y control económico son irrenunciables. Sin embargo, cuando su intervención se limita a conceder o denegar ayudas, licencias o autorizaciones, pierde parte de su capacidad para afrontar retos complejos. La necesidad habitacional exige una institución capaz de activar condiciones, conectar recursos y poner en relación capacidades que, por separado, no alcanzan para sostener una respuesta suficiente.
Ensamblar capacidades significa reconocer que los recursos necesarios para abordar el desafío habitacional están distribuidos en distintos lugares del sistema. El suelo puede estar en manos públicas, la energía social en colectivos ciudadanos, la capacidad técnica en equipos profesionales, la experiencia relacional en entidades sociales, la financiación en instrumentos diversos y el conocimiento situado en las personas y comunidades que viven directamente el problema. Ninguna de estas capacidades, por sí sola, resuelve la complejidad de la necesidad habitacional. Su potencia aparece cuando se combinan alrededor de una respuesta compartida.
Esta forma de colaboración no es una participación decorativa ni una simple consulta a la ciudadanía organizada. Es una coproducción orientada al interés general donde cada agente aporta algo específico y necesario. La administración protege el marco común, aporta garantías, regula, moviliza recursos y sostiene la responsabilidad pública. Las entidades sociales, cooperativas, redes vecinales o iniciativas comunitarias aportan proximidad, lectura del territorio, capacidad de mediación, vínculo cotidiano y compromiso con formas de vivienda asequibles, inclusivas y no especulativas.
La clave está en evitar dos simplificaciones. La primera sería pensar que la administración puede hacerlo todo sola si dispone de competencias y presupuesto. La segunda sería imaginar que la comunidad organizada puede sostener procesos complejos sin marco público, estabilidad, recursos y garantías. Ensamblar capacidades implica reconocer la interdependencia entre ambas partes: lo público necesita activar saberes y energías sociales que no controla directamente, y lo comunitario necesita un marco institucional que dé seguridad, legitimidad y continuidad a los procesos.
Por eso, la colaboración se debilita cuando una parte piensa que la otra solo obstaculiza, invade o ralentiza. También se debilita cuando se confunde cooperación con cesión sin responsabilidad pública. Es urgente mostrar que la respuesta habitacional gana potencia cuando cada agente no solo aporta “lo suyo”, sino que acepta ajustar su forma de actuar para que el conjunto funcione mejor. No se trata de sumar piezas, sino de ensamblarlas para producir una capacidad colectiva que antes no existía.
Referencias prácticas e inspiradoras
Bizigune. Programa de vivienda vacía de Euskadi
Borsa de Lloguer (Bolsa de alquiler de Barcelona)
Inmobiliaria social para la inclusión en Alazti Fundazioa
Operadores “puente” y gestión delegada en Habitat3.
Plataforma “Un lugar para vivir” (Perviure)
Tanteo y retracto para la gestión comunitaria en Casa Orsola.
Gako honek Lankidetza-moduak eta Aurrekontuak eta baliabideak ezaugarriekin bat egiten du.
Ezaugarri horiei erreparatuta, esan dezakegu lankidetza heldu bat hasteko ez dela soilik “nork zer egiten du” galdetu behar, baizik eta eragile bakoitzak zer ekarpen egiten duen jakin behar da, erraz ordezka ezin daitekeena: auzotarren konfiantza, esperientzia teknikoa, arautzeko gaitasuna, eguneroko presentzia edo lurraldearen ezagutza.